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Nos
encerramos dentro, mis ojos se entreabrían poco, a causa del pedo que llevaba y
los que él desconocido me estaba haciendo.
Me había bajado los pantalones y mientras me seguía metiendo los dedos
en el culo, empezó a lamerme los huevos. Tenía la polla a reventar y muy
mojada, empezó a pegarse pollazos contra la cara, a la vez que hundía mas sus
dedos dentro de mí. En un momento de lucidez abrí los ojos y vi su pelo rizado
y cobrizo que se movía hacia adelante y hacia atrás. Qué bien la chupaba! Y sus
dedos eran gloria para mi ano, pero yo quería algo mas.
Le levanté y
me agaché en su lugar, sin ningún aspaviento me metí su tranca en la boca. Era
norme, caliente y notaba como palpitaba en mi paladar. Le cogía del culo y le
empujaba hacia mí, para que entrase hasta el fondo, me ahogaba! Pero eso me
encendía mucho mas. Su rabo descomunal me producía arcadas al llegar al fondo
de mi garganta y con los ojos llorosos seguía dándole placer.
De repente
sentí como sus brazacos me levantaron del suelo y me dio la vuelta, para deja mi culo
hambriento a la vista. Respiraba en mi nuca y yo no dejaba de pajearme, estaba
muy cachondo. Él empujaba la punta de su polla contra mi culo, si no hubiese
parado, hubiese entrado fácilmente. Ponte un condón! – balbucee, pareció entenderme
y se lo puso.
Colocó la
punta se su rabo en la entrada de mi culo, tenía ganas de que me la clavase
hasta el fondo YA! Empezó a empujar poco a poco, pero sin pausa, sentía como
abría mis carnes y llenaba todo el vacío que tanto ansiaba que me llenase. Pero
parecía infinita, cuando pensé que estaba entera, aun quedaba un trozo, hasta
que chocó su vientre contra mí. Soltó un leve gemido en mi nuca, arquee la
espalda y empujé con mi culo, hasta que él chocó contra la pared. Sentía todo
su rabo palpitante dentro de mí. Muévete Raúl! – Oí, sabía como me llamaba,
aunque no recordaba habérselo dicho, es igual, empecé a moverme y sentía como escocía al principio, pero poco
a poco empecé a hacerlo con mas fuerza,
no sé donde tocaba dentro pero sentía que el capullo me ardía.
De repente
me cogió de las caderas y me paró, dio un paso hacia adelante y empezó a
moverse él. Las piernas no me aguantaban en pié. No sé si hicimos ruido o si
solté algún alarido o gemido extremadamente fuerte, soy de gemir demasiado a
veces. Era como haber apretado el gatillo de una ametralladora, se movía a una
velocidad increíble, al menos eso parecía. Y yo no podía mas, sentía el culo
dilatado y húmedo.
Tenia la
polla muy dura y apenas me la había tocado, tenía el capullo ardiendo. No sé si
fue la posición o el enorme pollón que me estaba metiendo, pero sentía que me
corría y no podía mas. A cada bombeada que daba aquel desconocido, soltaba un
chorro ardiente de lefa, mi espalda se arqueo hasta el límite, mientras él me
tiraba del pelo.
Mi placer se
prolongó varios segundos mas de lo habitual, sentía como si pudiese volver a
correrme enseguida. Él no paraba de
bombearme polla, y volvía a sentir que me ardía el capullo. Recuerdo claramente
ese momento, empecé a gemir muy fuerte y él me tapó la boca con una mano y con
la otra me tiraba del pelo. Aceleró mas sus movimientos y empecé a oír que
respiraba entrecortadamente. Yo volvía a correrme, pero esta vez el primer
chorro salió ardiendo de dentro, ahogué un alarido con mi boca tapada, mientras
empujaba fuertemente, esta vez parecía que me desgarraba por dentro, quería que
parase pero aun no había terminado de correrse.De pronto, paró y la sacó de golpe. Sentí que me vaciaban por dentro. Me dejó el ojete al rojo vivo, muy sensible y abierto. Sentí que se subía los pantalones y me decía.
Nunca pensé
vernos en esta situación, me alegro de habernos encontrado aquí, tienes un culo
flipánte! – En ese momento me volví para verle bien la cara, bajo la luz del
baño y descubrí el pastel.
Conocía mi
nombre, porque ya me había visto antes, claro que me había visto, Don Ernesto
fue mi profesor de ética en secundaría. No me lo podía creer, me acababa de
follar a un profesor de secundaria. Casi
no me acordaba de él, pero si recuerdo que nos miraba mucho en clase,
creíamos que era un pervertido, pero como nunca pasó nada, nadie dijo nada.
A pesar de
todo, que me quedé sin palabras, follaba como los ángeles, sólo se me ocurrió
poner una sonrisa tonta. El pedo había desaparecido, no se si por el polvazó o por l sorpresa de encontrarme a Don Ernesto
en un bar de ambiente, trajinándome el culo hasta perder el conocimiento.
Me dijo si
podríamos quedar otro día para hacerlo con mas calma, no era nada feo y para
tener cuarenta y pico años, estaba muy bien conservado. Le di mi teléfono y
salimos del baño.
Volví a
quedar con él, claro que si, pero eso es otra historia.
Por Romeo
