miércoles, 3 de abril de 2013

DIARIO DE RAÚL II


[...]

Nos encerramos dentro, mis ojos se entreabrían poco, a causa del pedo que llevaba y los que él desconocido me estaba haciendo.  Me había bajado los pantalones y mientras me seguía metiendo los dedos en el culo, empezó a lamerme los huevos. Tenía la polla a reventar y muy mojada, empezó a pegarse pollazos contra la cara, a la vez que hundía mas sus dedos dentro de mí. En un momento de lucidez abrí los ojos y vi su pelo rizado y cobrizo que se movía hacia adelante y hacia atrás. Qué bien la chupaba! Y sus dedos eran gloria para mi ano, pero yo quería algo mas.
Le levanté y me agaché en su lugar, sin ningún aspaviento me metí su tranca en la boca. Era norme, caliente y notaba como palpitaba en mi paladar. Le cogía del culo y le empujaba hacia mí, para que entrase hasta el fondo, me ahogaba! Pero eso me encendía mucho mas. Su rabo descomunal me producía arcadas al llegar al fondo de mi garganta y con los ojos llorosos seguía dándole placer.
De repente sentí como sus brazacos me levantaron del suelo y  me dio la vuelta, para deja mi culo hambriento a la vista. Respiraba en mi nuca y yo no dejaba de pajearme, estaba muy cachondo. Él empujaba la punta de su polla contra mi culo, si no hubiese parado, hubiese entrado fácilmente. Ponte un condón! – balbucee, pareció entenderme y se lo puso.

Colocó la punta se su rabo en la entrada de mi culo, tenía ganas de que me la clavase hasta el fondo YA! Empezó a empujar poco a poco, pero sin pausa, sentía como abría mis carnes y llenaba todo el vacío que tanto ansiaba que me llenase. Pero parecía infinita, cuando pensé que estaba entera, aun quedaba un trozo, hasta que chocó su vientre contra mí. Soltó un leve gemido en mi nuca, arquee la espalda y empujé con mi culo, hasta que él chocó contra la pared. Sentía todo su rabo palpitante dentro de mí. Muévete Raúl! – Oí, sabía como me llamaba, aunque no recordaba habérselo dicho, es igual, empecé a moverme  y sentía como escocía al principio, pero poco a  poco empecé a hacerlo con mas fuerza, no sé donde tocaba dentro pero sentía que el capullo me ardía.
De repente me cogió de las caderas y me paró, dio un paso hacia adelante y empezó a moverse él. Las piernas no me aguantaban en pié. No sé si hicimos ruido o si solté algún alarido o gemido extremadamente fuerte, soy de gemir demasiado a veces. Era como haber apretado el gatillo de una ametralladora, se movía a una velocidad increíble, al menos eso parecía. Y yo no podía mas, sentía el culo dilatado y húmedo.
Tenia la polla muy dura y apenas me la había tocado, tenía el capullo ardiendo. No sé si fue la posición o el enorme pollón que me estaba metiendo, pero sentía que me corría y no podía mas. A cada bombeada que daba aquel desconocido, soltaba un chorro ardiente de lefa, mi espalda se arqueo hasta el límite, mientras él me tiraba del pelo.
Mi placer se prolongó varios segundos mas de lo habitual, sentía como si pudiese volver a correrme enseguida. Él  no paraba de bombearme polla, y volvía a sentir que me ardía el capullo. Recuerdo claramente ese momento, empecé a gemir muy fuerte y él me tapó la boca con una mano y con la otra me tiraba del pelo. Aceleró mas sus movimientos y empecé a oír que respiraba entrecortadamente. Yo volvía a correrme, pero esta vez el primer chorro salió ardiendo de dentro, ahogué un alarido con mi boca tapada, mientras empujaba fuertemente, esta vez parecía que me desgarraba por dentro, quería que parase pero aun no había terminado de correrse.
De pronto, paró y la sacó de golpe. Sentí que me vaciaban por dentro. Me dejó el ojete al rojo vivo, muy sensible y abierto. Sentí que se subía los pantalones y me decía.

Nunca pensé vernos en esta situación, me alegro de habernos encontrado aquí, tienes un culo flipánte! – En ese momento me volví para verle bien la cara, bajo la luz del baño y descubrí el pastel.
Conocía mi nombre, porque ya me había visto antes, claro que me había visto, Don Ernesto fue mi profesor de ética en secundaría. No me lo podía creer, me acababa de follar a un profesor de secundaria. Casi  no me acordaba de él, pero si recuerdo que nos miraba mucho en clase, creíamos que era un pervertido, pero como nunca pasó nada, nadie dijo nada.
A pesar de todo, que me quedé sin palabras, follaba como los ángeles, sólo se me ocurrió poner una sonrisa tonta. El pedo había desaparecido, no se si por el polvazó  o por l sorpresa de encontrarme a Don Ernesto en un bar de ambiente, trajinándome el culo hasta perder el conocimiento.
Me dijo si podríamos quedar otro día para hacerlo con mas calma, no era nada feo y para tener cuarenta y pico años, estaba muy bien conservado. Le di mi teléfono y salimos del baño.

Volví a quedar con él, claro que si, pero eso es otra historia.
Por Romeo

CONSEJO I


¿Debería ser especial la primera vez?

Se que muchos os hacéis esta pregunta, aunque, si estáis aquí es porque ya habéis experimentado esa primera vez.
No debería deciros lo especial que debe ser, eso depende del valor que le de cada uno. A mi me hubiese gustado que hubiese sido más especial de lo que fué, aun así, quedamos, ambos, muy satisfechos.
Llevaba conociendo a un chico llamado Mario, le vi en Badoo y me llamó la atención, esbelto, alto, 23 años muy bien llevados, no comento lo guapo o no guapo porque eso es personal, pero para mí, era perfecto.
Comenzamos a hablar y pasados varios dias quedamos para tomar una copa. Fuimos al Hawaiano y desde el primer momento me cayó genial, además de guapo era encantador y congeniamos de maravilla. Estuvimos horas y horas charlando de unas y otras cosas, hasta que tuvimos que despedirnos, aun no habia habido contacto fisico, pero lo habría, de eso estaba seguro, lo noté.
 
A la semana siguiente, volvimos a quedar: me gustaba saber sobre él, sus a aficiones, gustos, intereses, etc. Regularmente quedábamos para dar una vuelta, hablar, contarnos cosas etc.
Hasta que por fin dimos el paso de darnos un beso, para mí fué inolvidable, llevaba días soñando con ese momento, ahí, en mitad de la Gran Vía después de echarnos un cine, lo recuerdo al detalle pero sobre todo recuerdo el proponerle subir a casa, con muchos nervios, para ver un poco la tele y estar juntos un rato mas.
 
Una cosa llevo a la otra y, entre tonteos y caricias, nos empezamos a quitar la ropa, tenía un cuerpo fibrado muy marcado que no podía dejar de mirar. Empezamos a besarnos la boca jugando con nuestras lenguas, nos besamos el cuello, bajando por el pecho hasta encontrar sus pezones, en ese momento no podía tener mis 5 sentidos en otro lado, estaban todos enfocados en él, y sus pezones.
Poco a poco, la situacion fué calentándose más y mas...
De repente, me dió por acercarme a su polla, que era bastante grande y estaba empapada, no podía NO llevarmela a la boca. Saboreé cada centímetro de su tranca hasta bajar a los huevos, que también probé. Verdaderamente era una polla de fotografiar.
Cuando me dí cuenta, él estaba haciendo lo mismo. Acabamos en un "69" que parecía no tener fin, pues ninguno quería dejar al otro.
 
Yo había comprado días antes condones, porque sabía que ese momento llegaría. Y vaya que llegó.
Él no sabía (ni sabe) que era mi primera vez. Me puso el condón e inmediatamente él se puso a “cuatro patas”, con ayuda de mi saliva pude empezar a empujar hasta metersela sin dificultad.
Pasión, calor y lujuria son las palabras que mejor pueden definir aquello... además de cambios de postura hicieron que, al rato, nos corriéramos de una manera que nunca hubiesemos imaginado.
 
La verdad, tengo un recuerdo muy bueno de esa primera vez.
Aún se me eriza el pelo de la nuca cuando recuerdo acercarme a su cuello y oler a Hugo Boss. 

Por Robin

domingo, 31 de marzo de 2013

DIARIO DE RAÚL I










Buenas tardes lectores:

Mi hazaña del finde pasado empezó como cualquier otro finde, desperté a una hora desorbitada de la tarde, no se porque últimamente estoy tan perezoso.
Debo deciros que, como de costumbre, mi “amiguito” se despertó antes que yo. Puedo ser todo lo pasivo que queráis, pero soy un hombre, es algo inevitable.
Tuve que rebuscar entre los tuppers de la nevera para encontrar algo de comer, cuando de repente sonó el timbre. Era Roberto, un compañero de trabajo con el que varias veces había compartido noches de fiesta y en alguna ocasión hasta cama. Nos habíamos entendido bien desde el principio y eso es bueno para ser compañeros de fiesta.
Él  venía muy bien arreglado, ya de por sí Roberto es un chico muy apuesto y gracias a él he descubierto muchas cosas que desconocía […]. Camisa, vaqueros apretados y engominado. No tenía muchas ganas de salir aquella noche, pero al final terminó convenciéndome para dar una vuelta “rápida”.
Me duché, me cambié y salimos a la calle. Como no, directos a Chueca, cuando pensaba que me cansaba de ese barrio, descubría “algo” que me hacia cambiar de idea. Empezamos a beber en casa de un amigo de Roberto, al que yo no conocía. No se cuanto tiempo pasó, solo recuerdo salir de ahí muy borracho y con un calentón indescriptible. Quería un hombre entre mis piernas.

No se donde nos metimos, pero con el subidón que llevaba pronto empecé a “bailar” con un morenazo de vaqueros claros. Pronto ese “baile” se transformó en vigorosos restregones. Sentía su cuerpo pegado al mío, caliente y su polla tiesa pegada a mí. Era inevitable empezar a comernos los morros en ese momento, el tío tenía unos movimientos muy brutos, lo que me encendió mucho más.

En cuanto me metió una mano dentro de los pantalones y empezó a palpar mi culo para luego acercar sus dedos hasta mi ano, supe que no aguantaría a llegar a casa. Nos despegamos por unos segundos, me miró con ojos pervertidos, se chupó un dedo y volvió a meterlo entre mis pantalones. Ahora sentía como su dos dedos intentaban abrirse paso por mi ojete vicioso.
En un momento le había empujado contra la pared y le dije al oído de ir al cuarto de baño. No hizo falta decirlo dos veces, me cogió fuerte y sin sacar sus dedos de mi culo, me llevó al baño.
[...TO BE CONTINUED]
 Por Romeo