Buenas tardes lectores:
Mi hazaña
del finde pasado empezó como cualquier otro finde, desperté a una hora
desorbitada de la tarde, no se porque últimamente estoy tan perezoso.
Debo deciros
que, como de costumbre, mi “amiguito” se despertó antes que yo. Puedo ser todo
lo pasivo que queráis, pero soy un hombre, es algo inevitable.
Tuve que
rebuscar entre los tuppers de la nevera para encontrar algo de comer, cuando de
repente sonó el timbre. Era Roberto, un compañero de trabajo con el que varias
veces había compartido noches de fiesta y en alguna ocasión hasta cama. Nos
habíamos entendido bien desde el principio y eso es bueno para ser compañeros
de fiesta.
Él venía muy bien arreglado, ya de por sí Roberto es un chico muy apuesto y gracias a él he
descubierto muchas cosas que desconocía […]. Camisa, vaqueros apretados y
engominado. No tenía muchas ganas de salir aquella noche, pero al final terminó
convenciéndome para dar una vuelta “rápida”.
Me duché, me
cambié y salimos a la calle. Como no, directos a Chueca, cuando pensaba que me
cansaba de ese barrio, descubría “algo” que me hacia cambiar de idea. Empezamos
a beber en casa de un amigo de Roberto, al que yo no conocía. No se cuanto
tiempo pasó, solo recuerdo salir de ahí muy borracho y con un calentón
indescriptible. Quería un hombre entre mis piernas.
No se donde
nos metimos, pero con el subidón que llevaba pronto empecé a “bailar” con un
morenazo de vaqueros claros. Pronto ese “baile” se transformó en vigorosos
restregones. Sentía su cuerpo pegado al mío, caliente y su polla tiesa pegada a
mí. Era inevitable empezar a comernos los morros en ese momento, el tío tenía
unos movimientos muy brutos, lo que me encendió mucho más.
En cuanto me
metió una mano dentro de los pantalones y empezó a palpar mi culo para luego
acercar sus dedos hasta mi ano, supe que no aguantaría a llegar a casa. Nos
despegamos por unos segundos, me miró con ojos pervertidos, se chupó un dedo y
volvió a meterlo entre mis pantalones. Ahora sentía como su dos dedos
intentaban abrirse paso por mi ojete vicioso.
En un
momento le había empujado contra la pared y le dije al oído de ir al cuarto de
baño. No hizo falta decirlo dos veces, me cogió fuerte y sin sacar sus dedos de
mi culo, me llevó al baño.
[...TO BE CONTINUED]
